La segunda vez que pisamos un boliche.
Esta vez éramos más. Unos 5 o 6, incluyendo al gordo hijo de puta.
Entramos en banda, sabíamos lo que hacíamos. Estábamos totalmente seguros que la noche esta vez era nuestra. Porque ya habíamos estado allí.
Cristian y yo caminábamos fuertes. El resto nos seguía.
Sonaba UB40, 2 Unlimited y Roxette con algunos hits del álbum “Look Sharp”.
Ahora si éramos parte de la pomada.
- “Che, vengan por este lado. Aquella barra es una bosta. Las minas de aquel rincón nunca te dan bola. Están en estrella. A los reservados hay que bajar más tarde. Porque viste que más tarde las minitas están más desesperadas. Ahora nos tenemos que hacer los difíciles, después caen solas. ¡No! A la gorda no. Dejá que después las que están buenísimas vienen solitas, ya nos conocen. ¡No! No hace falta bajar a los reservados con alguna mina, no somos putos. Bajamos solos y listo. Nos sentamos y aparecen. Yo sé lo que te digo papá, está muy claro. Así funciona la noche. Las otras veces ganamos un montón. Apretamos varias minas y todas re lindas. Porque más tarde se desesperan. Además nada de pendejas. Minas grandes. De 16, 17 años. En 5to año buscan pendejos. Están en otro nivel. Vivieron todas y se quieren revolcar con pendejos. Está todo bien. Tranquilo que está todo bien.”
Critian y yo FUIMOS los reyes de la noche. Porque ya sabíamos de qué se trataba. Entonces podíamos dar sabios consejos a nuestros “principiantes” amigos.
Porque éramos sólo eso. Los zopencos de la Matinee.
Creo que si pienso fríamente pasábamos por desapercibidos. Quizás algún que otro comentario hubiese sido “Qué pendejos” o “Pobres infelices”, pero no importaba. Lo único que importaba era darle a entender al resto que la noche estaba buena, que el Reggaeton iba a aparecer años más tarde, y que teníamos experiencia. Bruta experiencia de una noche frustrada. Para el resto éramos inmortales.
Bailábamos en ronda, todos abrazados dando vueltas sin parar al ritmo de “It’s my life, It’s my life. Stop bugging me, stop bothering me. It’s my life” de Dr. Alban.
Bailábamos. En realidad dábamos vueltas sin cesar y no hacíamos un condenado paso coordinado.
Varones, ni una sola mujer. Y mi vestimenta: Un vaquero, porque en esa época no se decía “jean”, dentro de éste una camisa leñadora con cuadros bien grandes. Rojos, verdes y blancos. Y unos zapatos, también leñadores. Salvando el tiempo que corría me podrían haber confundido con alguno de los protagonistas de “Secreto en la montaña”.
Me faltaba el gorro, pero mi sexualidad para quien miraba desde afuera no estaba del todo definida. Rodeado de machos, todos abrazados. Un putazo en potencia.
- “Vamos por favor a tomar algo, yo no puedo más de todo lo que bailé”
Y eso hicimos. Nos acercamos rápidamente a la barra.
- “Mozo. Mozo. ¡Mozo! Una coca. Con mucho hielo por favor. ¿Ustedes que toman chicos? Seven Up, otra coca. Bueno, que sean 2 cocas y una Seven Up. Pero con mucho hielo por favor. Estamos agotados de tanto bailar.”
Le dije mozo al barman. Segundo o tercer error.
Nos quedamos en la barra bebiendo nuestras gaseosas, no nos importaba lo que pasaba alrededor y no nos habíamos percatado de que la gente en los boliches no tomaba coca. Tomaban cerveza. Alcohol.
Ya más relajado me secaba la frente con un pañuelo de tela que llevaba doblado como en 8 partes guardado en el bolsillo.
Noté que venía una bestia enorme caminando directo hacia mí. Pero no era una bestia mujer. No, claro que no. Era un terrible patovica.
No entendía bien el motivo por el cuál el muchachote se me acercaba. No me había mandado ninguna cagada porque todavía no conocía los efectos del alcohol. Ni sabía que en algún momento nacería el Reggaeton.
- “Tu viejo pibe. Te está buscando en la puerta. Andá porque está insoportable”
Claro, ¿qué pensaron? ¿Qué me venía a buscar La Pradón? Porque La Pradón en ese entonces era el ícono erótico por excelencia. Pampita todavía no existía. Qué lastima. Porque la hubiera elegido.
Era mi viejo totalmente desquiciado. Ya había hablado con cuanto tarjetero/patovica/promotora se le había cruzado en el camino. Finalmente logró su objetivo, que era, sacarme del boliche a las 23.30 hs. Yo no recordaba que iba a venir a buscarme en el 1500. Pero el guacho lo hizo.
- “¡23.45! ¿Vos pensabas dejarme toda la noche preocupado a mí? ¿Eh? ¿Eh? Vamos a casa."
Nos fuimos. Cristian nos siguió. Los dos con una cara de culo tan larga que la podíamos patear sin inconveniente.
Pero tranquilos amigos, tranquilos que el Reggaeton se estaba asomando. Muy de a poco.
jueves, 25 de junio de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Muy bueno, vamos para adelante con el reguetòn. Rakata Rakata, esta noche queiro darle Rakata Rakata!!!...
ResponderEliminar