- “¡Gordo hace una cuadra que estás vomitando!”
Ese era el gordo hijo de puta totalmente del bonete. El mismo que ahora me tira alguna soga desde Arriba cuando ando medio perdido. Sin Reggaeton.
El gordo había salido de la escuela junto con el flaco Seba a comprar alcohol al supermercado de una de las esquinas más transitadas de Quilmes.
Eran las 6 de la tarde y los fenómenos andaban con una bolsa llena de bebidas. Licor de chocolate en abundancia porque todavía buscábamos las cosas dulces.
Había algún Tía María, Legui Verano y cerveza, esta vez si, había mucha cerveza.
Yo caí alrededor de las 19 porque cómo alumno aplicado me había quedado en la escuela hasta último momento.
Ahí fue dónde encontré al gordo vomitando sin parar. Caminaba y vomitaba. Y así estuvo durante el trayecto de una cuadra entera.
El flaco gritaba: “¡Estoy loco!” y se cagaba de risa.
El resto demostraba alegría pero siempre controlada.
Yo aparecí sobrio, pero ansioso por conocer el alcohol y la noche.
Nos estaba esperando la abuela de Adri porque festejábamos su cumpleaños.
Sus padres estaban de viaje y los abuelos se iban a dormir a su casa en algún momento precoz de la noche.
Había empanadas y mucha gaseosa.
Pero el gordo no titubeó cuando tuvo que poner la infinidad de botellas de licor de chocolate arriba de la mesa e intercalaba sus gloriosos “permiso, voy a vomitar, me siento mal”.
No podía parar de hacerlo, no podía.
Pusimos las cervezas en la heladera y los Legui Verano en el freezer.
Comimos un par de empandas y ¡Adentro! Arrancamos a chupar.
Cerveza, muchísima.
Para todo esto el día de la semana era miércoles y al otro día debíamos ir al colegio como cualquier otro jueves.
Yo había procurado llevar mi overall, porque los jueves cursábamos aviación y requeríamos de éste.
También tuve en cuanta llamar a mi casa para avisar que me quedaba a dormir. Y esta llamada no era cortita, avisando que no iba a volver sino que eran necesarios 10 excelentes motivos por los cuales yo no regresaría a mi hogar.
- “Que nos quedamos todos acá”
- “Porque si, porque está bueno”
- “Estamos escuchando música. Estamos todos”
- “Si, el gordo también se queda”
- “Mañana nos vamos con la hermana de Adri, ella nos despierta”
- “No te preocupes Má, no me voy a quedar dormido”
- “Si. Estamos todos física y mentalmente bien”
Ya alivianado de alma el alcohol había empezado a hacer su efecto.
Sonaban Los Ramones de fondo y rodeábamos en círculo una pileta al aire libre.
Las hermanas del cumpleañero se acercaban, pero así como aparecían se desintegraban. Creo que les daba un poco de miedo pensar en que los condenados adolescentes podían revolucionarse en contra del sexo opuesto y atacar fríamente a esos dichosos cuerpecitos.
- “¿Llamamos a las minitas del alemán? Dale, si están entregadas. ¿Te acordás que se quedaron calentitas? Dale, una se llama Romina. Yo te doy el teléfono a vos y le hablás. Vas a ver que van a venir.”
Ni corto ni perezoso agarré el teléfono. No me importaba nada. Tenía varias cervezas encima y había arrancado con el Legui. Aún no me animaba a probar los licores del gordo.
- “Hola Romi. Che te conocí en la fiesta del Club Alemán ¿te acordás? Si, esos que éramos un montón. Claro, ese grupete. Estamos acá en una fiesta. Cerca de la cancha de Quilmes ¿Te ubicás? ¿Por qué no te venís con tus amigas? Las que estaban la otra vez. Está bueno, somos varios. Nos estamos divirtiendo. Eh… ¿música? Si, hay música. ¡Hay un DJ! ¡Eso! ¡Hay un DJ! ¡Vengan que hay un DJ pasando música! No, no es conocida porque es medio privada, pero pueden venir. Preguntan por nosotros en la puerta. Bueno… Otro día. Si decís que es mejor que sea otro día, será otro día. Besos Romi, chau.”
Romi no quiso venir y sus amigas jamás se enteraron. Y menos mal que no se enteraron porque no iban a encontrar dicha fiesta. Sino varios inexpertos jóvenes ardientes y alcoholizados. Podría haber sido peligroso, por lo tanto la decisión de la chica fue certera.
Nunca más tuvimos noticias de la mencionada Romi ni de sus amigas.
Eche me pedía por favor que salga de arriba de su brazo, porque estaba sentado arriba de éste y se lo estaba lastimando. Porque borracho no me había dado cuenta pero estaba cómodo.
Del otro lado de la pileta estaba el flaco, sentado porque no podía mantenerse en pie. Me miraba, me señalaba y se cagaba de la risa. Al lado estaba el gordo, vomitando de espaldas. Se daba vuelta, me señalaba y se cagaba de la risa. Adri y Cristian estaban un poco más retirados, me señalaban y se cagaban de la risa. Entonces ese fue el momento en que me di cuenta que realmente tenía que salir de arriba del brazo de Eche, porque le estaba doliendo de verdad.
Se fue a la casa con un dolor insoportable. El flaco lo siguió. Algunos se habían retirado antes y sólo quedábamos los mismos de siempre. El gordo, Adri, Cristian y yo.
- “¿Vamos a dormir?”
- “Bueno, pero adentro nos tomamos un Legui más.”
Y eso hicimos. Nos servimos un Legui. Faltaba la pipa. Brindamos como adultos festejando un logro.
Ya nos íbamos a dormir. Cada uno a un colchón distinto.
Me metí en una habitación y el gordo me siguió. Nos metimos en la cama y cerramos los ojos para disfrutar la forma en que se daban vuelta las cosas velozmente.
- “¿La viste? ¡Boludo! La hermana de Adri pasó en tanga. Te digo que pasó en tanga, no te estoy bardeando. Hacete el dormido que ahí vuelve, ay que lindo ahí vuelve.”
Y eso hizo la chica, volvió.
Sólo con el objetivo de taparnos y desearnos buenas noches. Ella más grande que nosotros sentía que nos tenía que cuidar. Ese era el único fin. Pero la chica no se había dado cuenta que estaba marcando una tendencia. La tendencia al voto por la tanga.
Dormimos. Revueltos pero dormimos. Al otro día tuvimos que ir a la escuela. Caímos más tarde dándole la bienvenida a la primera resaca.
En el hangar la temperatura se hacía insoportable. El gordo seguía yendo a cada rato al baño a seguir vomitando. Mi estómago estaba en mi espalda. Los 4 nos sacábamos el overall y quedábamos con el torso desnudo sentados sin reacción.
El profesor gritaba que nos comportemos y que nos vistamos, que sino tenían que llamar a nuestros padres.
Y a lo lejos se veía alguien que estaba llegando. Y era Eche con su brazo vendado.
domingo, 28 de junio de 2009
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