viernes, 26 de junio de 2009

Oktoberfest

El Oktoberfest es una fiesta de tradición alemana que se hace año tras año en una reconocida escuela de la cuidad de Quilmes.
El Oktoberfest para un adolescente es todo. Es muy prometedor. Porque se vende cerveza muy barata y hay baile. ¡Si! ¡Estaba llegando el Reggaeton!

- “Pero entonces somos una bocha para el Oktoberfest, ¿cómo vamos a organizarnos para ir? Yo te paso a buscar, caminamos hasta el centro y nos encontramos con el Teru y el cabezón. El flaco cae más tarde. Los cigarrillos los trae él. Desde Beraza. Va a tratar de conseguir mentolados importados. A Toti lo trae la vieja. Porque creo que la vieja va a caer un rato en el Oktoberfest. Pero adentro va a estar re bueno. Porque vienen todas las perritas del alemán. Que está una más buena que la otra. Rubiecitas de pelo largo y ojos verdes cómo me gustan a mí.”

Ese era Cristian mostrando su interés por las féminas de raza aria.
A mí en realidad siempre me gustaron más las morochas de pelo largo. El pelo tenía que ser largo. Obvio. Las de pelo corto no me atraían.
¿Pero quién iba a ponerse arisco cuándo supuestamente iba a haber infinidad de rubiecitas borrachas entregadas a la noche y al descontrol?
Nadie. Y menos nosotros que estábamos muertos de hambre.

De este modo el prometedor Oktoberfest nos estaba indicando el camino del alcohol de y de la joda.

Adentro nos encontramos con el resto. Todos alegremente unidos.
Recorrimos los pasillos de la escuela, pero aún no pasaba nada.

- “Es temprano”

Claro que era temprano, porque de hecho había sol. No recuerdo bien la hora, pero estamos hablando de no más de las 19 hs.

Fuimos directo a comprar cerveza, sin esperar a nadie. Compramos chucrut con salchichas y… ¡Tomamos cerveza! Un vaso. No era rica ¿Por qué la gente se volvía loca con la cerveza si no era rica?

- “A aquella que está allá la veo en el bondi todas las mañanas. Me re gusta ¿Me dará bola? Yo le voy a hablar. Si, le voy a ir a hablar. Pero primero me voy a tomar otra cerveza. Porque la gente se divierte cuando toma cerveza ¿Viste? Además queda mucho mejor que vaya a hablarle a la pendeja con un vaso de cerveza en la mano. Parezco más grande. Está bueno. Me voy a comprar otra más.”

Nuevamente nos encontrábamos en la cola de la comida y la bebida. Notamos que no sólo había pendejas borrachas sino familias. En realidad, no había pendejas borrachas. Nosotros tampoco lo estábamos. Tampoco había comenzado la música. Sólo largos caballetes con, hasta el momento, familias cenando y hablando en un idioma raro.

- “Che la joda no empieza más. Yo me estoy pegando terrible embole. Vamos a tener que esperar un rato más.”

Esperamos. Fumamos un cigarrillo entre todos. Volvimos a mirar a las rubiecitas del otro grupo y finalmente pusieron música. Nadie habló con nadie. Era una suerte de patio cerrado sin luces. Ni más ni menos.

- “¿Abuela?”

Cristian se encontró con su abuela. Austríaca ella. Estaba ahí porque el Oktoberfest no era más que una kermés familiar. Dónde cada familia iba a respetar una tradición.
Se bebía cerveza, no cabe duda. Pero también se jugaba, se charlaba y se compartían costumbres.
El baile era circunstancial. No era el objetivo de la fiesta.
Nos habían mentido. No hubo Reggaeton y seguíamos con las hormonas revolucionadas.
Nos volvimos, desilusionados, todos juntos. Pero esta vez en remis.

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